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La bellesa es troba en els ulls del qui observa...

· hacia la mujer ·

nebula | 17 Novembre, 2007 15:56

Sempre és interessant consultar llibres a l'atzar. La curiositat ens pot descobrir petits fragments que ens fan reflexionar en les hores mortes de la nostra quotidianitat. Punts de vista dispars; de vegades certs comentaris retrògads que, evidentment, intento ignorar per no alterar-me.

A continuació subratllo algunes línies, evitant citar aquells continguts d'origen masclista i carques.

En el principio de los tiempos existía un ser humano completo, macho y hembra a la vez, satisfecho y feliz: en esos días, el andrógino era un sexo distinto, que tanto por su forma como por su nombre poseía los atributos de los otros dos, masculino y femenino.

  

Pero desde que un dios colérico lo cortó en dos mitades, ambos pedazos, arrojados al azar en el mundo, erran y se buscan, desdichados e incompletos hasta encontrarse. Ese es su destino y su fatalidad; si escapan de ello, jamás podrán realizarse. Según Platón cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, y cortado como pliegue por la mitad, en dos trozos a partir de uno solo, cada uno busca constantemente reencontrar el símbolo de sí mismo.

  

Este mito del andrógino primordial, que Platón coloca en la boca de Aristófanes, ha obsesionado a Breton. "Va en ello, en primer lugar, la reconstitución del Andrógino primordial, de quien nos hablan todas las tradiciones, y su encarnación, más que nada deseable y tangible, a través de nosotros". Sin embargo el mito platónico no aparece sino de manera trunca, luego falseada, en las obras surrealistas. Según Breton, el hombre debe un día encontrar una mujer, la única en el mundo digna de su amor; la descubrirá, la reconocerá sin esfuerzo como su mitad perdida, ya que, así como la amará hasta la muerte, la ha amado desde su nacimiento sin saberlo, en suma desde toda la eternidad. Esta mujer le está destinada, en el sentido estricto del término.

  

En Platón el amor es igualmente búsqueda del ser único que éramos, de "nuestra primera naturaleza": "codiciar esa unidad, tratar de obtenerla, es lo que llamamos amor".  [...]

  

Lo primero es el encuentro:

  

Y el encuentro

 

Efectivo como puede serlo

 

Del hombre y la mujer (...)

 

Tal encuentro

 

Con todo lo que tiene, a distancia, de fatal

 

Esta precipitación uno hacia el otro de dos sistemas

 

            [tenidos separadamente por subjetivos.

  

La mujer aparece cuando todo es triste y sin salida, cuando el hombre se aburre y desespera. Aparece como la luz, la que embellece y transforma. Es aparición, milagro: "Antes de conocerte había encontrado la desdicha, la desesperación. Antes de conocerte... ", pero vamos, estas palabras no tienen sentido. Bien sabes que al verte por primera vez, sin asomo de duda te he reconocido". Tampoco la mujer puede dudar, se dirige de inmediato hacia el hombre que la llama, movida por una atracción misteriosa cuyos signos ha comprendido e interpretado intuitivamente. Todas las mujeres que Breton encuentroa son videntes, se comunican con otro mundo, conocen el pasado y adivinan el provenir. Nadja, cuando encuentra a Breton, ya "sabe": "De pronto, cuando ella aún está a unos diez pasos de mí, caminando en sentido inverso, veo a una joven  que, a su vez, me ve o me ha visto. Le dirijo la palabra sin titubeos esperando, convengo en ello, lo peor. Ella sonrió, pero muy misteriosamente, y diría, como con conocimiento de causa".

  

En suma, nada muy diferente de lo que popularmente se denomina "flechazo". En la Anthologie de l'amour sublime, de Benjamín Péret, se lee: "El flechazo, por popular que se haya tornado la expresión -hoy algo desacreditada- describe con claridad la naturaleza súbita del fenómeno de conocimiento del ser deseado cuya complementariedad ha sido bruscamente advertida". Todos los signos están presentes: lo repentino, la evidencia, la reciprocidad. Y si Breton lo sitúa en el orden de la magia, es para mostrar su carácter irracional. Pone el acento en el hecho de que a tal otra, ocurre que, evidentemente, la mayoría de nuestras motivaciones nos son desconocidas. Cabe subrayar que, a pesar de la importancia que da a las teorías freudianas, Breton no reconoce de una manera clara las determinaciones inconscientes de esa "atracción". Juega de una manera ambigua y poco rigurosa con la noción de inconsciente, mezclándola a la más esotérica de "azar objetivo".

  

¿En qué consiste ese azar? Maurice Blanchot nos ofrece un magnífico análisis del encuentro "por azar" de Breton y Nadja:

 

" (...) allí donde la intención clara se oculta, lo que se denuncia es la escondida ingerencia del deseo. El azar es deseo: lo que significa que el deseo o desea al azar en lo que tiene de aleatorio, o lo seduce para tornarlo inconscientemente semejante a lo que es deseado -forma entonces mágica, que fue tentación del surrealismo".

  

Una vez realizado el encuentro, la unión se establece, y no es menos maravillosa. Nada de asombroso, pues sabemos cómo se constituye la pareja. "Esa aspiración suprema basta para desenvolver el campo alegórico que quiere que todo ser humano haya sido arrojado en la vida a la búsqueda de un ser del otro sexo, uno solo, que le sea apareado en todos los aspectos, al punto de que el uno sin el otro aparezca como el producto de dislocación de un solo bloque de luz". Tal bloque "se caracteriza por la siguiente propiedad: entre sus partes componentes existe una adherencia física y mental a toda prueba". Leemos aún: "La atracción recíproca debe ser bastante fuerte como para realizar, por medio de complementariedad absoluta, la unidad integral, a la vez orgánica y psíquica". La fusión es total al punto de que los elementos de la pareja no se diferencian, no se distinguen ya el uno del otro. [...]

 

El deseo de reconstitución del andrógino primordial es un sueño de inmovilidad y de beatitud. Pareciera que se alcanzara el Nirvana, satisfacción y muerte. "Una vez descubierto el objeto de su búsqueda", dice Benjamín Péret, "el amor sublime se fija a él para siempre". En Platón la misma amenaza de entumecimiento, de fijeza y de muerte pesa sobre los amantes: "Entonces cada mitad, suspirando por su mitad, se reunía con ella, y abrazándose fuerte, enlazadas, codiciando no hacer más que un solo ser, terminaban por sucumbir de inanición y otras inercias, ya que nada querían hacer la una sin la otra". [...]

    

Gauthier, Xavière : "Surrealismo y Sexualidad". Ed Corregidor, Buenos Aires: 1976.

  

 

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